martes 29 de marzo de 2011

TODAS SOMOS MARIPILIS

Maripili es una «superwoman» que busca la perfección en todas las facetas de su vida para ser querida. Maripili pretende convertirse en la profesional perfecta, la madre ejemplar, la pareja ideal, la más atractiva y con mejor estilo, pero el temor a no gustar condiciona cada faceta de su vida. El miedo al rechazo la convierte en una sumisa de los estereotipos de ayer y hoy y se siente culpable por el hecho de no alcanzar esa perfección global. Maripili, más allá de una mujer «socialmente perfecta», es en realidad una «superpringada». Y aunque tratan de rehuir el tópico, todas las mujeres son Maripilis.
Al menos así lo cree Carmen García Ribas, periodista y profesora de comunicación estratégica de la Universidad Pompeu Fabra. Según ella, el cien por cien de la población femenina sufre «El síndrome de Maripili», un apelativo que da nombre a uno de sus libros y uno de los obstáculos que encuentra la mujer para que su talento emerja en la sociedad constituida desde la identidad masculina. Ribas ofreció ayer una ponencia en Avilés en el marco de los actos organizados por la Concejalía de la Mujer con
motivo del 8 de marzo en la que argumentó por qué dicho síndrome afecta al cien por cien de la población femenina y cómo su cura es fundamental para alcanzar el liderazgo.
La experta apunta que las empresas que apuestan por personas capaces de gestionar sus miedos y emociones tienen un 15 por ciento más de beneficios que las que tienen Manolos y Maripilis. Y es que si ellas tienen su propio síndrome, otro tanto ocurre con ellos. Para García Ribas los hombres autoritarios y prepotentes responden al síndrome del Manolo, si bien en ellos la afección está menos extendida. «Las mujeres somos más de la mitad del talento del universo pero el miedo social al rechazo nos impide que éste aflore. Los hombres se caracterizan por el miedo al fracaso. Las mujeres, en cambio, hacen todo lo posible para no ser rechazadas, para ser queridas y esto se traduce en un sabotaje total a ellas mismas. Ellas sofocan su identidad, que es su talento, para evitar el rechazo», señaló García Ribas.

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